Una habitación de un alma reciclada con olor a derrota. De esas que dejan sin fuerzas. Que hacen que en tus ojos se refleje Venecia.
Ayer, mientras iba en el coche, abrí la ventanilla y saqué la mano.
En medio de la oscuridad, las farolas y la carretera, intentaba coger un trocito de aire mientras abría y cerraba la mano para no dejarlo escapar.
Durante todo el transcurso me dediqué a eso; abrir y cerrar la mano. Cogiendo cachitos de aire. Sintiéndome más dueña de mi propio destino. Sintiendo que mi vida, era un poco más mía.
Y aunque el mundo no sea mío, lo parecía. Y con eso era más que suficiente.
Porque, en momentos de crisis, lo mejor que puede pasar es sentirse capaz de algo. Ya sea cogiendo puñados de aire en cualquier coche o ganándole la partida al tiempo.
Pero a veces, como hoy, no es suficiente. Porque de vez en cuando el destino juega malas pasadas. Dejando un poco de derrota y de desgana. Aunque puestos a ser positivos, ahora mismo me da igual tu nombre. Incluso el mío.
Otro otoño más rezando para que esto acabe. Luchando contra la rutina y los domingos. Luchando contra mi misma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario